Prof. Dr. Josep Valldeperas Morell: Competencia esencial en la industria textil – Tradición catalana en diseño moderno

Edificio-del-INTEXTER

La evolución de la economía mundial bajo el concepto de la globalización, y la apertura de mercados han representado un duro golpe para el sector in­­dustrial textil europeo, y lógicamente para cada uno de los países miembros.

En España, aunque con un poco más de retraso temporal, tambi­­­én ha llegado en los últimos años del siglo XX la ola de crisis con más dureza, si cabe, en aquellas regiones con una larga tra­dición textil, como ha sido la región eco­nómica Cataluña.

Sin embargo, una vez más, el espíritu emprendedor de los catalanes, he­­­rencia de los ancestros fenicios, ha iniciado la superación de esta crisis, con los medios más adecuados al momento, el diseño y las nuevas tec­nologías de­­rivadas de la investiga­ción y el desarrollo, tanto de las universidades como de los Centros Tec­­nológicos, que el pro­­pio gobierno de la Generalitat de Ca­­talunya ha creado o reforzado desde fi­­­­nales del siglo pasado.

La tradición textil catalana se pierde en el oscurantismo de la Edad Media, existiendo, sin embargo, algunos hitos o hechos puntuales que demuestran su vitalidad y la importancia y trascendencia que históricamente ha tenido para los gobiernos locales, regionales e incluso nacionales.

En tiempos de “Jaume I el Conqueridor”, hacia 1257, se crea el Gran Consejo de Barcelona y su “Ilustre Junta de Co­m­er­cio” establece las enseñanzas aplicadas a las artes industriales.

En la segunda mitad el siglo XIV, se estructuran los “Gremios” y “Cofradías” con enseñanzas artesanales y oficios: en Barcelona en 1422 “Les Drapades” y más tarde en Moià, en 1648 “Els Pe­rayres i Teixidors”.

Carlos III de España en el último tercio del siglo XVIII decreta la enseñanza del dibujo en todo “arte industrial”, incluida la “Teoría de Tejidos” y propu­gna en 1776 la creación de escuelas de hilatura para la “buena formación de Maestros Hiladores”.

El 21 de mayo de 1786 en una “Real Cédula” se ordena el establecimiento de Escuelas de Hilados de Lana en po­­blaciones que por su situación y circu­n­stancias tienen un tamaño adecuado para ellas, al que lógicamente se acogen ciudades como Barcelona, pero tam­­bién Terrassa y Sabadell, en el Vallés Occidental, en donde florecía una amplia actividad de talleres textiles laneros.

En el siglo XIX se gestan en España las escuelas y enseñanzas de Ingeniería Industrial y Peritaje Industrial, en Ma­­drid, Barcelona, Sevilla, Vergara, Béjar, Gijón y Valencia, que dejaron de funcio­nar por deficiencia de recursos eco­nómicos, excepto la de Barcelona, que fue soportada con recursos municipales por la elevada actividad textil de la ciudad, y en la cual existían los estu­dios de especialidad de Perito Ma­­nu­facturero Textil.

Sin embargo, el núcleo de la industria textil se había ido desplazando hacia la comarca del Vallés Occidental con el tandem formado por Terrassa y Sa­­ba­dell, dos ciudades, con poblaciones en torno de los 15.000 habitantes cada una de ellas, y si bien el Real Decreto de 17 de agosto de 1901, de la Reina Regente María Cristina en nombre de Alfonso XIII, creó las Escuelas Superiores y Ele­men­tales de Industrias, se omitió en ellas la especialidad textil, que finalmente fue concedida a la Escuela Su­­perior de Industrias de Terrassa, el 10 de enero de 1902, por la gestión directa y personal de Don Alfonso Sala, Ilustre ciudadano de la misma y diputado en las Cortes de Madrid, que hasta su fallecimiento presidió el Patro­­nato Ciudadano e Industrial de la Escuela, iniciándose las enseñanzas el 4 de fe­­­brero de 1902 en un edificio provisional.

En 1904 la Escuela se trasladó a su sede que ha durado hasta la actualidad, un bello edificio modernista del arquitecto Luís Moncunill. En el Real decreto del 8 de mayo del mismo año, el rey Alfonso XIII creó la sección de Ingeniería de Industrias Textiles en la Escuela Superior de Industrias de Terrassa. Esta sección daba el mayor rango académico a los ingenieros, dada la necesidad del sector industrial en constante evolución, tanto en técnica como en creación y diseño.

Antes de tal fecha eran muchos los téc­nicos e ingenieros formados en Man­ches­ter, que instalaban y dirigían las industrias textiles catalanas, com­­plementados con técnicos franceses de Lyon para las industrias de estampación, y aún hoy día quedan rastros de aquella colonización “técnica” en el vocabulario de taller, tales como “rapport”, “rongeant” et cetera, colonización que sin embargo ayudó a consolidar las estructuras industriales, comerciales y de diseño que han perdurado a lo lar­go de todo el siglo XX y están renacien­do en el siglo actual.

En Cataluña el modelo de funciona­miento de la industria textil ha sido de dos tipos, que corresponderían a antes y después de la aparición de la máquina de vapor, si bien coexistieron durante más de 30 años después del descubrimiento citado.

Históricamente, siglo XIX, las indus­­tri­as textiles se situaron al lado de los ríos para aprovechar la fuerza hidráulica como fuerza motriz de la maquinaría, creándose, alrededor de la planta industrial, las denominadas “colonias”, que en el fondo eran pequeñas villas con las viviendas del personal de la industria, en muchos casos tanto de obreros como de técnicos y propietarios con servicios sociales en muchos casos avanzados para su época, tales como hospitales, come­­­dores, teatro o cine, et cetera.
La incorporación del vapor permitió es­tablecer nuevas industrias en el se­no de ciudades y villas ya existentes, a­­gru­pándose varias industrias en el entorno de la central productora de vapor, en los denominados “vapores”, con su­perficies totales equivalentes a una o varias manzanas bordeadas por las calles urbanas con proximidad al nú­­c­leo urbano, político y comercial, pues los medios de desplazamiento, tanto públicos como privados, eran mínimos o nulos y los desplazamientos personales eran exclusivamente a pie dentro de la ciudad, excepto en lugares co­­mo Barcelona, con tranvías y metro que fa­­­c­ilitaron su expansión superficial.
La evolución de las cifras de población desde 1900 a 1950 indica tanto el auge de la industria textil como las li­mitaciones de crecimiento en ciu­da­des como Terrassa o Sabadell.
En dichos entornos, el nivel de vida po­día considerarse muy aceptable en comparación al de la gran mayoría del resto de España, ya que, si bien las consecuencias de la Guerra Civil española (1936–1939) y el aislamiento in­­ternacional del régimen político limitaron el progreso y desarrollo económico y social, éste empezó a ser sensible en la segunda mitad del siglo pasado (factor de incremento correspondiente a tres en primera mitad y factor >10 en todo el siglo), siendo sus años de “oro” las décadas de los 60 y 70 coincidiendo con la expansión de la producción y productividad de la In­­dustria Textil Catalana.

La evolución técnica y económica textil a partir de 1950 se produjo de la mano de las enseñanzas técnicas de las cinco Escuelas Técnicas existentes en España, Béjar (Salamanca), Alcoy (Alicante) y Barcelona, Canet de Mar y Terrassa (Barcelona), así como de los ingenieros  superiores formados en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Terrassa, única en toda España, donde se han impartido las en­señanzas superiores textiles y en cu­­yo seno nació también la investigación científica y técnica dedicada a tal in­­dustria de la mano del Prof. Daniel Blanxart, que creó en 1940 el “La­boratorio de Investigación de Fibras Textiles y de la Retama”, después de haber creado y dirigido desde 1908 hasta 1954 el “Laboratorio de Ensayos e Inves­tiga­­ci­o­­n­es Textiles del Acondicionamiento Ter­­rassense”, fundado por iniciativa del propio sector industrial.

En el haber del Prof. Blanxart está el Sistema Métrico Decimal Directo de numeración de los hilos, adoptado mu­n­dialmente por la ISO con la unidad “TEX” (g/1000m).
También hubo otras iniciativas para fo­mentar la investigación textil, como la promovida por la “Asociación Na­cional de Ingenieros de Industrias Textiles” con sede en Barcelona y el propio “pa­­tronato de la Escuela Superior de In­­genieros de Industrias Textiles” de Ter­rassa, que en su conjunto dieron lugar a partir de mitades de la década de los años 50 a la creación del “Laboratorio de Cooperación Industrial e Inves­ti­ga­ción Textil” en Terrassa, actual INTEX­TER, y la “sección Textil del Consejo Superior de Investigaciones Científicas” en Barcelona, de la mano de los hoy mundialmente reconocidos por sus a­­­portaciones:

Prof. José Cegarra Sán­chez y Prof. Fe­­derico López-Amo Marín en Terrassa y Prof. Alberto Barella Mi­ró en Barcelona, los tres ingenieros tex­­­tiles formados en la Escuela Superior de Terrassa y discípulos del Prof. Blan­xart.

Aunque la línea de desarrollo técnico y científico del sector textil catalán es clara, con hitos y nombres concretos de reconocimiento internacional, pa­rece sorprendente que no existan nombres asociados al diseño textil, cuando realmente la fabricación y producción in­­dustrial tiene siempre detrás la correspondiente y necesaria estructura de diseño.

Cuando todavía no se hablaba de “exportación” en el sentido político y economico tal como lo valoran acutalmente todos los paises, los “paños” de lana fina de Sabadell y Terrassa eran conocidos y exportados a todo el mundo, tanto por su calidad como por su diseño. Cuyo re­­­­­nombre se ha ido apagando, tal vez por el “provincionalismo” e “individualismo” empresarial de la Industria Tex­til catalana, que no supo aprovechar, con planteamientos co­­merciales agresivos, el prestigio y reco­nocimiento que tuvo a lo largo de me­­­dio siglo para crear una imagen de marca, como muy bien ha sabido hacer Italia para sus productos textiles.­­

Tal vez el citado declive pueda compensarse gracias a la creación hace unos 30 años en Sabadell de la Escuela de Diseño Textil, con rango universitario, aunque tal vez haya que esperar todavía un tiempo para que se produzca el auge internacional de los diseñadores catalanes, ya no solo de estructuras textiles (de es­­tos sí ha ha­­­­­bido siem­pre en las in­­dus­­­tri­as, los anó­­ni­mos te­­ó­­ricos tex­­tiles), si­­no de los productos fi­nales que llegan al usuario y que dan la fama, a personas concretas, o a bloques locales (mo­­­­da de Londres) o nacionales (moda ita­­liana).

De todas formas, queda cada vez más claro que estas nuevas posibles generaciones de diseñadores tendrán que ir de la mano de los científicos y técnicos de la Universidad para incorporar en la producción textil de Cataluña las nuevas fibras y microfibras con propiedades al uso, la incorporación de substancias microencapsuladas a los tejidos, y la presencia de nanopartículas en las vestimentas y prendas que inician la nueva línea de textiles “inteligentes” (smart textiles) que nuestros hijos y nietos usarán en un futuro no muy lejano.

PortraitfotoIngeniero Industrial Textil en 1970 por la ETSEIAT y Doctor Ingeniero en 1973 por la UPC. Director del INTEXTER-UPC de 1990 a 1996 y de nuevo desde 2004 hasta la fecha. Coautor de más de 250 publicaciones en revistas científicas y técnicas. Pro­fe­sor emérito de AAQCT y profesor visitante de la Uni­versidad de las Américas de Puebla (México). Actualmente Catedrático de Ingeniería Textil de la UPC.