Antoni Soy i Casals: La cooperación empresarial para impulsar la competitividad de la economía catalana

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Durante las dos últimas décadas la Co­­misión Europea ha destacado la importancia de fomentar la creación de un entorno favorable a la coopera­ción indus­trial y empresarial como me­­canismo de impulso del mercado interior y como factor de competitividad, especialmente en sectores de pe­­­queña y mediana empresa. El Li­­­­­bro Blanco COM(85) 310 final de 14 de junio de 1985 recogía la necesidad de que la Comisión velara para que los presupuestos comunitarios incluyeran el apoyo a la cooperación y señalaba la importancia de que los fondos regionales contribuyeran en este mismo sentido. En 2006, el Par­la­mento Euro­peo establece el Pro­gra­ma Marco pa­ra la Innovación y la Com­petitividad (2007–2013), en el que destaca la co­­operación de PYMES como una línea de acción concreta para alcanzar el objetivo de reforzar la innovación, el espíritu em­­presarial y la competitividad industrial.

En Cataluña, la ampliación del mercado vinculada al proceso de unificación de Europa no ha ido acompañada de un aumento proporcional de la dimensión empresarial, lo que sin du­­da puede constituir una amenaza en un entorno presidido por la creciente ne­­cesidad de invertir en proyectos estratégicos de envergadura y con un fuerte componente de riesgo. En e­­fecto, el entorno de profundo cambio tecnológico, junto al proceso de globalización que viven las economías mundiales, sitúa las ventajas competitivas dinámicas como factor clave de la posición de la empresa en el mercado. Es precisamente en este con­­texto, donde las estrategias de innovación permanente ocupan un lugar destacado en las prioridades de las empresas globales. No obstante, estas estrategias, para posicio­narse con éxito en el mercado global, se hallan estrechamente vinculadas a una creciente necesidad de ca­­pi­talización empresarial, de gestión del conocimiento y de vigilancia tec­­no­­ló­gica.

De este modo, en un entorno PYME como el catalán, el desajuste entre dimensión de empresa y de mercado se puede identificar como una amenaza en la medida que podría llegar a provocar una pérdida de oportunidades en mercados emergentes con fuerte potencial de crecimiento, al tiempo que constituye una debilidad frente a nuevos competidores, con firmas de mayor tamaño y unas ventajas competitivas basadas en bajos costes. Actualmente, la PYME genera el 75 % del empleo y aporta el 60 % del PIB.
Por ello, la cooperación empresarial des­­taca como una estrategia especial­mente adecuada para resolver con éxito la problemática estructural vinculada al factor dimensión. No obstan­­te, cabe tener en consideración que, para acometer con éxito los retos que se plantean a nivel europeo en el cam­­­po de la innovación y el desarrollo tec­­­nológico, la cooperación debería ser el resultado de mantener a medio y lar­­go plazo la voluntad empresarial com­­partida de sumar es­­fuerzos para al­­canzar dichos objetivos estratégicos, mejoran­do continuamente as­­pectos concretos de su posición competitiva, tanto en el ámbito local como, sobre todo, en el mercado global.
En este sentido, es importante diferenciar lo que son acuerdos de colaboración, de lo que pueden llegar a ser las estrategias de cooperación de em­­pre­sas pertenecientes a un colectivo concreto o a una comunidad específica.
Por regla general, los primeros suelen tener un impacto puntual, tienden a afectar sólo a sus participantes y pueden dar un resultado de suma cero en la medida que los beneficios de los involucrados en el acuerdo se traduzcan en una pérdida de igual magnitud por parte de otro agente económico. En cambio, una estrategia cooperativa desarrollada a través de un proceso de colaboración permanente entre em­­presas, con el objetivo de llevar a cabo acciones compartidas, debería dar co­­­­mo resultado un fortalecimiento e­­­s­truc­tural del tejido productivo y un aumento de la competitividad del conjunto del territorio en el que opera.

En Cataluña, la existencia de medio cen­­tenar de sistemas productivos lo­­­­­cales repartidos a lo largo del territorio e integrados por industrias de un mismo negocio que desarrollan su ac­­tividad en un entorno de competencia global, debería constituir un factor de impulso de estrategias cooperativas. A pesar de ello, los bajos niveles de cooperación que se observan en Cataluña señalan la existencia de factores culturales y estructurales que dificultan el desarrollo de alianzas es­tables entre nuestras empresas. Los datos de la Encuesta de Innovación Tecnológica del INE muestran que los niveles de cooperación de la empresa Catalana son relativamente bajos en la medida que se sitúan por debajo del 20 %, cer­ca de la media española y se­­gún Eurostat, lejos de los registros al­­canzados por las econo­mías escandinavas (44 % Fin­lan­­dia, 43 % Suecia y Di­­na­marca), o bálticas (35 % Es­­tonia, 39 % Letonia y 56 % Lituania). La elevada pre­­sencia de la PYME y la es­­casa propensión a la colaboración em­­presarial jus­­tifican la definición de po­­líticas es­­pecíficas que impulsen es­­trategias de cooperación basadas en el desarrollo de planes de actuación compartida que tengan por objetivo la mejora de la competitividad de un colectivo, o comunidad, empresarial.

De este modo, en 2008, la Secretaría de Industria y Empresa a través del Pro­grama PYME pondrá en marcha la Red de Asesores de Cooperación Em­­pre­sarial de Cataluña, cuyo principal cometido será la detección, el diseño, la di­fusión y la realización conjunta de pro­yec­tos concretos de coopera­ción pa­­ra la mejora de los factores internos de competitividad de un colectivo em­­pre­sarial. Estas actuaciones recogidas en un plan plurianual de actuaciones compartidas contaran con apoyo financiero público, se cen­tra­ran en as­­pectos es­­tructurales con incidencia en la productividad de las empresas y se agruparán en cinco gran­­des líneas: organización empresarial, gestión de recursos humanos, gestión del conocimiento, calidad, normativa y seguridad y valores, cultura empresarial y sostenibilidad. Su ámbito de actuación principal será el cluster, es decir, aquella concentración geo­­gráfica de empresas que opera en un mismo negocio y com­­parte unos retos estratégicos comunes. De este modo, se pretende dar respues­ta a las carencias y necesidades de las em­­presas del conjunto del cluster para conseguir que el máximo número de ellas, especialmente las de menor di­­mensión, se encuentre en disposi­ción de acometer los retos estratégicos que se plantea su sector.

Esta iniciativa debe ir más allá del me­­ro apoyo económico. Por eso, incidirá especialmente en detectar oportunidades de cooperación y garantizar el acompañamiento durante el desarrollo de actuaciones compartidas. Con esta nueva orientación política se pretende consolidar en Cataluña redes de cooperación empresarial, dando una es­­pecial relevancia a todos los aspectos relacionales, personales y culturales inherentes a este tipo de actuaciones.,

_G__2440Antoni Soy nació en Ripoll en el año 1950. Es catedrático de Economía Apli­­cada y ejerció de profesor en la facul­tad de Económicas de la Uni­ver­sidad de Barcelona durante tres años. Hoy en día es consejero de la Asam­blea General de Caixa Catalunya y forma parte del Consejo Asesor del Instituto Catalán de Finanzas.